Jean-Jacques Rousseau decía que el ser humano nace naturalmente bueno: sin egoísmo, sin avaricia, sin ganas de matar o de hacer daño. Pero la sociedad, las instituciones, la propiedad, la desigualdad, las normas, el sistema; lo van deformando y corrompiendo. Y entonces surge la pregunta: ¿cómo sostener esa bondad y esa virtud en un mundo que celebra la desigualdad y la falta de honestidad como valores propios, como metas personales a las que se debe aspirar? ¿En un mundo donde el lucro está por encima de la humanidad, y el dinero por encima de la vida?

Lamentablemente, este sistema se observa sin distorsión y con total claridad en quienes juran no dejar atrás la humanidad ni la bondad como sello de su profesión: los políticos, y la “carrera” política.

A lo largo de nuestra historia han existido personas que llegaron al poder y, mediante grandes esfuerzos personales y unión colectiva, transformaron el mundo para bien. Crearon sistemas de educación, de salud y de progreso capaces de llevar avance civil y tecnológico hasta los rincones más remotos de las naciones, del planeta.

Sin embargo, junto con esos avances también se han cometido algunos “errores” que, poco a poco, han ido levantando precisamente esa sociedad, esa institución, esa desigualdad y ese sistema que comienza a desgarrar las uniones que tanto costó construir. Errores que generan una desigualdad brutal dentro de un sistema de suma cero: donde la riqueza de unos se vuelve la necesidad de otros; donde la educación de unos es el ladrillo que cimenta la esclavitud moderna para otros. Y así, efectivamente, como dijo Rousseau, empezamos a fabricar esa “maldad” que guía las decisiones de la mayoría, porque como rezó Paulo Freire: “Cuando la educación no es liberadora, el sueño del oprimido es convertirse en el opresor”.

Cuando esos “errores” se estudian con calma, uno empieza a notar que de errores tienen poco: parecen más bien el producto de situaciones bien pensadas, planeadas con una precisión exagerada. Y entonces aparece otra pregunta: ¿quiénes son los arquitectos del desastre? ¿Quién podría diseñar un engranaje que entre desapercibido en la máquina de la sociedad y, poco a poco, destruya todo aquello que ha tardado siglos en construirse?

Podríamos reformular la pregunta que Rousseau nos respondió desde otro ángulo: ¿son los políticos malos por ser políticos?

Me gusta pensar que no. La política, por sí misma, no es mala. Así como un arma no es mala por sí misma: lo que existe es gente que desea poder y dinero por encima de todo, por encima de la humanidad y de la unidad. Y la carrera política es la plataforma perfecta para catapultarse a esas instancias con mayor facilidad.

Pero si la carrera política está tan distorsionada, ¿qué nos queda?

La carrera política es un instrumento que hay que saber usar y, más importante aún, saber cuándo usar. Así como un cirujano no usa un martillo para sacar un apéndice, pero sí podría usarlo para introducir pines en un fémur, la política fue una herramienta útil en algún momento. El problema es que el sistema actual ya no permite que funcione como debe.

Eso se vuelve evidente cuando recordamos que los políticos son “representantes del pueblo”, pero pocas veces obedecen la voluntad de quienes los eligen. Con demasiada frecuencia actúan según los intereses de quienes pagaron sus propagandas, o de quienes pueden beneficiarlos durante o después del cargo. Pregúntele a cualquier ciudadano qué opina de los políticos: casi todos vemos el problema. Sin embargo, el plan ha sido tan efectivo que no sabemos cómo detener la irregularidad.

No nos damos cuenta de que, en nuestras manos, yace el poder de deponer a esas personas. Y algunos dirán: “Entonces elijamos a otro”. Pero ¿qué seguridad tenemos de que ese “otro” será inmune al deseo de llenar sus arcas, de esconder algún indebido que alguien poderoso conoce, o de enfrentarse de verdad al resto de políticos financiados por los mismos que financian campañas… no solo de uno, sino de todos?

Parecería que, al volver la vista a lo más pequeño y a lo más natural, a ese nacer sin maldad que propuso Rosseau, podemos encontrar ejemplos en la naturaleza que guardan el secreto de una sociedad ordenada, justa y, tal vez, ¿humana?.

Veamos un hormiguero. Es cierto: hay una reina. Pero el único trabajo de la reina es poner huevos. La reina no dirige, no decide quién hace qué: solo pone huevos. El colectivismo de las hormigas permite que el hormiguero crezca y se sostenga; y que cada hormiga, de una u otra forma, entienda cuál es su tarea.

Ellas poseen inteligencia de enjambre: una forma de organización donde individuos simples, con reglas básicas y sin una “inteligencia” central, pueden generar comportamientos colectivos complejos e inteligentes cuando actúan en conjunto. Algo parecido a cuando nuestros países eran países de gente humilde, tal vez con poca educación, pero entendieron que la educación, la salud y la unidad eran esenciales; que avanzar como sociedad era más importante que avanzar como individuo.

Hoy, en cambio, la carrera política, en un mundo donde reina la desigualdad y se quiebra la unidad, se ha vuelto una carrera tóxica. Se presta para que personas deformadas por el sistema conduzcan a la “colonia” por un camino que a la gran mayoría no le sirve.

Creo que es momento de volver a pensar como unidad. Basta ver cómo las redes sociales luchan por polarizarnos y dividirnos por likes1, 2, 3, 4, 5, 6. Y cuando la carrera política se reduce a “ellos malos, nosotros buenos”, y se empuja la división para obtener réditos políticos, jamás se construirá esa inteligencia de enjambre capaz de llevarnos por un camino que beneficie a la mayoría, y no solo a unos cuantos.

La carrera política no debería existir.


  1. Engagement, User Satisfaction, and the Amplification of Divisive Content on Social Media – https://arxiv.org/abs/2305.16941
  2. Ranking for Engagement: How Social Media Algorithms Fuel Misinformation and Polarization – https://www.ifo.de/en/cesifo/publications/2022/working-paper/ranking-engagement-how-social-media-algorithms-fuel-misinformation
  3. The Influence of Social Media Algorithms on Political Polarization and Public Opinion – https://www.researchgate.net/publication/387068259_The_Influence_of_Social_Media_Algorithms_on_Political_Polarization_and_Public_Opinion
  4. New research reveals algorithms’ hidden political power – https://news.northeastern.edu/2025/11/27/social-media-political-polarization-research/
  5. Trap of Social Media Algorithms: A Systematic Review of Research on Filter Bubbles, Echo Chambers, and Their Impact on Youth – https://www.mdpi.com/2075-4698/15/11/301
  6. Alt-right pipeline – https://en.wikipedia.org/wiki/Alt-right_pipeline